Bright, crítica: una historia que no termina de convencer

EntretenimientoPublicado el 29/12/2017

Cuando Netflix decide invertir más de 90 millones de dólares para permitir al director de Suicide Squad crear una película con orcos, elfos, hadas y gansta’s ambientados en la vida moderna, sin duda suena bastante prometedor.

Netflix Bright portada

Aunque Suicide Squad no fue bien recibido por la crítica en un principio, el director de Fury o End of Watch siempre ha mostrado cierta maestría visual y un acercamiento bastante vigorizante en los espacios urbanos. Es justo gracias a lo anterior que el título de Bright se posiciono rápidamente como una película relevante, con un concepto bastante loco mezclando acción urbana de gangsta’s y fantasía infantil heroica, eso sin mencionar al elenco el cual incluye a Will Smith, Joel Edgerton y Noomie Rapace.

Bajo lo anterior, sin duda el punto de partida resulta ser bastante inestable y todo un reto, el director incluso se ve bastante perjudicado por el guion a cargo de Max Landis, cuya pobreza es evidente. No solo nos encontramos con discrepancias al convertir a los orcos en proto-gangsta’s y los elfos como parte de la elite, sino que la estructura en general de la película parece desmoronarse constantemente bajo su propio peso.

Bright, escena de orcos

La historia es simple, nuestros héroes son un humano y un orco, los cuales a pesar de contar con sus propios conflictos personales intentan salvar a una Elfo y proteger una varita mágica la cual tiene un poder impresionante, por lo que todos desean tenerla en sus manos. La sociedad se encuentra dividida en 2, la elite y “los demás”, los primeros viven en el primer mundo con sus respectivos lujos y los segundos en la miseria, rodeados de corrupción, delincuencia y decadencia en general.

El resultado en general es bastante amargo y, sobre todo, con cierto grado de incoherencia. A través de esos tópicos temáticos sociales y estructurales, la película se convierte en un clip sin un fin desprovisto de un tema o ambición cinematográfica en concreto. Algo que me decepciono bastante, es que no se logra crear una empatía con los personajes, la historia avanza tan rápido que se olvida de algo fundamental, crear una unión emocional con el espectador.

Si la historia no es nada emocionante, el escenario tiene el mérito de sentar las bases de un universo que el director puede usar para justificar las habilidades (fuerza, flexibilidad, poderes, etc.) específicas para diferentes razas presentes en este universo: Humanos, Orcos, Elfos y Brujas, cuatro razas con capacidades diferentes los cuales lucharan entre si por recuperar la varita (lo sé, una historia bastante cliché). En general el set nunca se renueva, y ofrece en su mayoría un ambiente nocturno, el interés de este escenario es brindar coherencia y permitir al director justificar las escenas de lucha, las cuales se basan en coreografías espectaculares y secuencias explosivas para los tiroteos.

Bright, escena en el bar

Un punto positivo es que David Ayer no utiliza el “caos cinematográfico” (visualmente hablando) y ofrece un corte de calidad y edición que no afecta a la comprensión de los planes y la acción. Los ángulos de cámara elegidos son juiciosos y aunque no sean visuales ni estén dotados de una puesta en escena significativa, estos últimos están suficientemente bien elaborados para embellecer la acción y heroificar a sus personajes.

Conclusión

A pesar del guion desastroso, David Ayer ha logrado crear una pieza audiovisual bastante sólida, la cual está lejos de ser la peor película del año o la peor producción de Netflix. Con Bright, David Ayer ha creado una película “dominguera” con escenas de acción, producción y edición de calidad, aunque quizá no se encuentre a la altura del dominio técnico del director.